Escrito por Carlos Caramés

 

      

Cuando después de la Segunda Guerra mundial se comenzó a reconstruir y a "copiar" los claves antiguos (naturalmente, aquéllos que se conservaban), nadie podía imaginarse que esos claves no eran en modo alguno representativos de la época en que se fabricaron. Basta echar un vistazo a las biografías de compositores famosos de los siglos XVII y XVIII (Froberger, L. Couperin, Buxtehude, Mattheson, Rameau, F. Couperin, Bach) para constatar que no tuvieron la mas mínima relación con los (ahora) famosos luthiers de su época. Preguntar qué claves tocaban esos compositores es tarea tan inútil como indagar a qué compositores destinaban sus instrumentos los fabricantes contemporáneos suyos.

        Este hecho incontestable tiene fácil explicación: los claves antiguos conservados hasta nuestros días son en su totalidad instrumentos lujosos, profusamente decorados, y su conservación se debe únicamente a la decoración, pues el clave como instrumento musical dejó de utilizarse a fines del siglo XVIII. Esos claves lujosos y carísimos no eran asequibles, por lo general, a los músicos de la época.

Construcción de un clave de estilo francés, según modelo del XVII

        Pero aún siendo asequibles, es probable que a los clavecinistas de entonces no les interesasen esos instrumentos. Construidos para satisfacer la vanidad de ricos y nobles, el extraordinario valor artístico de sus pinturas y chinoisseries obligaba a fabricar una caja acústica sólida y pesada para garantizar su conservación, hecho éste que contradice la buena acústica de un instrumento musical. Hay que reseñar que prácticamente la totalidad de los claves decorados que se conocen son schwere Möbel ("muebles pesados", como se les llamaba jocosamente en las gacetas de de época).

       La iconografía del barroco también avala este hecho. En los retratos de la nobleza se representan claves y espinetas profusamente decorados.

 
Cuando, por el contrario, se representa a un grupo de músicos anónimos (Concierto de café, hacia 1720; Collegium Musicum Jena, 1744; Concierto en el Palacio de Ismaning, 1746), aparecen siempre instrumentos sencillos, con la madera desnuda y puestos sobre una mesa o sobre toscos caballetes de madera.

       La investigación musicológica confirma que el ideal sonoro de la época exigía un instrumento sencillo, exento de extravagancias decorativas, con una caja ligera y muy resonante y una mecánica impecable, cualidades éstas que por lo general faltan en los "muebles pesados". Dado que para emitir el sonido en un clave se emplea una mínima energía  que por otra parte no puede regularse  el instrumento preferido de los músicos basaba su gran sonoridad en la extraordinaria resonancia de una caja delgada, cuyo sonido "fundamental" y de pocos armónicos atravesaba limpiamente el medio sonoro para llegar con nitidez a los oyentes. Esa fragilidad de su estructura, unida al hecho de que los claves "económicos" tenían por lo general un solo teclado, está relacionada sin duda con su desaparición (hacia 1780, cuando el pianoforte iniciaba su andadura triunfal, se ofertaban sin éxito decenas de claves de dos teclados en las gacetas de París y Berlín. Claves de un teclado ni siquiera se anunciaban: nadie los quería).

      Pero todas estas consideraciones tendrían un interés relativo para el clavecinista actual (al fin y al cabo es una cuestión de gusto y de dinero) si no fuera por el vacío "organológico" que padecemos en lo relativo a la época en que más se utilizó el clave. Actualmente se reproducen o "copian" masivamente los claves de Ruckers , de Blanchet, de Goujon, de Dulcken, de Taskin (el tan traido y llevado Ruckers/Taskin). Los Ruckers pertenecen a la primera mitad del siglo XVII. Los demás se adentran en la segunda mitad del siglo XVIII. Justo en el medio de ambos, es decir, entre 1650 y 1750, se sitúa la "edad de oro" del clave. ¿Dónde están los instrumentos de ese siglo?

      Después de 20 años construyendo claves de todos los modelos, he llegado a la conclusión de que los más utilizados en la historia de la música eran los instrumentos sencillos descritos anteriormente. Por ese motivo me he especializado en su construcción. Claves muy ligeros y resonantes, de perfecta mecánica, construidos con maderas de la mejor calidad y a precios muy asequibles.


 

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