El clave actual
De forma general puede afirmarse que en nuestra época la evolución de los instrumentos musicales es más dinámica que la propia evolución de la música. Basta echar un vistazo a la música pop de los últimos 40 años, con el prodigioso desarrollo de sonidos electrónicos y el relativo estancamiento de los recursos de composición, para darse cuenta de ello. En lo concerniente a la interpretación de la música antigua, el fenómeno es aún más patente: dicha música fue escrita hace siglos, pero los instrumentos que utilizamos para interpretarla evolucionan constantemente – no para crear nuevos sonidos, como en el caso anterior, sino para tratar de recuperar un modelo de interpretación que se considera más auténtico.
Los claves que se construyen actualmente son el mejor ejemplo de esa evolución. En los últimos años se observa una tendencia a construir claves de estilo alemán (Mietke, Vater, Zell) en vez de los ya populares instrumentos franceses tardíos (Taskin, Hemsch, Dupont – dejo a un lado los instrumentos flamencos del XVII: los que no se “afrancesaron” eran, ya a finales de ese mismo siglo, absolutamente inservibles para la práctica musical). Esta preferencia por los claves alemanes puede deberse en parte a su óptica (punta curva en vez de angulada), que rompe con la tan manida figura de los franceses. Pero el motivo principal radica sin duda en la acústica de tales instrumentos: son claves de sonido fundamental, con una construcción ligera, y por tanto muy resonantes y de gran alcance sonoro.
Un débil murmullo
Dicho tipo de clave, construido sobre la tapa del fondo y no sobre una estructura, como ocurre con los franceses tardíos, fue el más utilizado en la época dorada del instrumento (entre 1650 y 1750), sobre todo en su versión más sobria, sin decoración alguna (véase el artículo El clave histórico, en la página de arranque). A esa categoría pertenecen también los claves italianos y los franceses anteriores a 1720. Lo que ocurre es que los claves sencillos y sin decorar desaparecieron a finales del siglo XVIII. Los únicos que se conservaron fueron los que estaban decorados (decorados, por cierto, con chinoiseries, con técnicas de veladura y con pinturas figurativas de gran calidad, no con esmaltes sintéticos aplicados con pistola, como se suele hacer ahora). Y los claves alemanes son, con algunos franceses antiguos (Tibaut, Vaudry, etc.), los únicos instrumentos decorados que tienen construcción ligera.
En cualquier caso, el gusto de la mayoría de los clavecinistas actuales es todavía muy afín al sonido de los instrumentos franceses. Argumentos no les faltan. El clave francés tardío, o “francoflamenco” tiene un sonido lleno (rico en armónicos), dulce, “plateado”, largo, con bajos profundos, algo decadente, como lo es la época en que se diseñaron. El problema es que esas pretendidas excelencias acústicas sólo las percibe…el que toca el instrumento. En una sala grande o auditorio, el oyente capta tan sólo un débil murmullo, un tenue soplo, pese a lo fortísimos (=mal) que se entonan a veces los plectros. Con su construcción pesada y poco resonante, los armónicos se esfuman en el aire y el sonido fundamental es casi nulo. El hecho de que actualmente el clave intervenga poco como solista, o en concert, quedando relegado a mero instrumento del continuo, puede estar relacionado con ese fenómeno.
Una onda sonora limpia
El instrumento ligero, por el contrario, puede decepcionar al principio por la sequedad de su sonido, pero la onda sonora que proyecta llega limpiamente al oído del oyente. Además combina mucho mejor con los otros instrumentos, hecho éste muy en consonancia con las formas musicales entre 1650 y 1750, en que el clave interviene más como instrumento obligado.
Así pues, desde nuestra perspectiva actual, cabría introducir una nueva clasificación histórica de los claves: a) Instrumentos para disfrutar el que los toca y b) Instrumentos para comunicar al público un mensaje musical. A la primera categoría pertenecen los tan copiados y reproducidos instrumentos franceses a partir de 1740. De hecho, en la literatura clavecinística de la segunda mitad del XVIII el clave aparece casi siempre en solitario, o acompañando el continuo, a veces con otro clave, pero rara vez como instrumento obligado en concierto.
En consecuencia, el comprador actual de un clave debería atender no solamente a la impresión inmediata que el instrumento le produce al tocarlo, sino también al efecto que produce en una sala grande, o en compañía de otros instrumentos. A no ser, claro está, que prefiera disfrutar en solitario…